Un niño maltratado podría proyectar la violencia que sufre en su mascota y continuar reflejando esa misma conducta en su adultez. Creative Commons.

Manuel, nombre ficticio, tenía solo cinco años cuando incendió a su perro. Su hermana, de cuatro años, le pegó a su otra mascota para llamarle la atención y terminó fracturándole una pata. Aunque los animales no tenían lesiones graves, el refugio Humane Society of Puerto Rico, tuvo que reportar el caso a la Policía y los animales fueron removidos. ¿El saldo? Una de las mascotas con quemaduras de segundo grado y un temor a la especie humana que fue imposible remediar.

Casos como estos son poco comunes, pero la directora del refugio Humane Society of Puerto Rico, Maritza Rodríguez, aseguró que en una ocasión pudo presenciarlo. “Creo firmemente que lo que estos niños hicieron fue bajo conducta aprendida. Por lo que vi del comportamiento de su madre, ellos vivían en un ciclo de maltrato”, afirmó.

El maltrato de animales, según la definición de la Ley 154 de 2008, “Ley para el Bienestar y la Protección de Animales”, significa “todo acto u omisión en el que incurre una persona, sea guardián o no, que ocasione o ponga a un animal en riesgo de sufrir daño a su salud e integridad física y emocional”. Por lo tanto, es considerado maltrato el abandono, la negligencia y las lesiones físicas o emocionales que atenten contra la seguridad de la criatura.

Por otro lado, Isabel Calderón, presidentadelprograma“Animales más que Compañía” y asistente del Departamento de Adopción del refugio, opinó que si los padres permiten la conducta agresiva de los niños hacia los animales, el niño continuará siendo agresivo con sus compañeros de estudios, amigos y hasta con sus familiares. Aún no se han hecho estudios en la Isla sobre los niños que abusan de animales, sin embargo, Calderón asevera que esta conducta es alarmante y que los padres deberían estar atentos a cualquier síntoma de agresividad. “Si un niño es capaz de matar o maltratar a un animal, es capaz de lastimar a un humano cuando adulto”, sostuvo.

 

 Bandera Roja ante conducta agresiva en niños 

Según un estudio de la Universidad de Carolina del Sur por el profesor Clifton P. Flynn, los menores que participan o presencian algún tipo de maltrato animal, tienden a tener dificultades en el desarrollo de empatía durante su crecimiento. El estudio se centraba en si los hombres o mujeres consideraban que pegarles a sus hijos era la mejor forma de castigo. Flynn confirmó que el maltrato animal está relacionado con la violencia interpersonal cuando adulto. El profesor concluyó su investigación explicando que si se atiende la conducta agresiva hacia los animales desde la niñez, es posible mejorar la violencia interpersonal de la sociedad.

En cambio, la psicóloga Jormar Miranda, de la Escuela de Medicina de Ponce, aseveró que la conducta de maltrato hacia los animales tiende a ser una proyección de algún tipo de daño físico o emocional que sufren los niños. “Hay muchas razones de por qué un niño maltrata a un animal, depende el enfoque que se quiera estudiar. Por una parte, hay una fuerte relación entre maltrato físico y verbal que recibe el niño. Pero también puede ser porque el niño tiene trastornos conductuales”, añadió la psicóloga.

Sin embargo, Miranda aclaro que no todos los niños que abusan de animales tienden a ser criminales en el futuro. “Cuando hay características sumatorias, si el niño le gusta desafiar las reglas, pelear con sus compañeros, no respeta a los adultos y, encima, maltrata a los animales, entonces puede tener el perfil de un adulto criminal”, manifestó.

Aunque al presente no se considera un diagnóstico psicológico, muchos estudiosos se han dado a la tarea de investigar la conducta del maltrato animal y su relación con la criminalidad. El doctor Frank R. Ascione, investigó este asunto con los jóvenes ingresados a un instituto juvenil en Estados Unidos en el 2011 y concluyó que el abuso de animales es más común si el menor fue maltratado por sus padres o por una persona cercana. Ascione citó un estudio que se condujo en Estados Unidos en 1988, entre hombres encarcelados por agresión sexual. Del total de los convictos entrevistados como parte de dicho estudio, el 46 por ciento admitió haber maltratado un animal cuando joven. Según Ascione, el ciclo del maltrato lleva al joven a tomar conductas agresivas que eventualmente, si no es tratado por un profesional, puede llevarlo a la delincuencia. Ascione también expuso las acciones que pueden llevar a un menor a maltratar a los animales y recomendó que se establezcan programas de educación humanitaria en las escuelas para inculcar en los niños el cuidado de la naturaleza y de los animales. Según su estudio, muchos niños tienden a lastimar a los animales por desconocimiento o curiosidad, pero si esta práctica o actitud no es atendida a tiempo, puede que el menor persista en su conducta, hasta que derive placer en lastimar una criatura. A modo de ejemplo, Ascione destacó en su escrito que de nueve tiroteos que se han dado en Estados Unidos desde 1996 a 1999, cinco de los autores tenían historial de maltrato de animales. Ilustró, además, que en 1997, antes de asesinar a su madre y dos compañeros de clase, Luke Woodham, torturó y asesinó a su mascota.

Aunque en Puerto Rico no hay estadísticas de cuántos criminales abusaron de animales durante su niñez, recientemente se reveló que el hombre que incendió a su familia en el municipio de Florida, Justino Sánchez Díaz, había incendiado anteriormente un corral de gallinas.

 Clave la orientación y la educación humanitaria 

“Para poder educar a los puertorriqueños sobre el cuidado de animales, hay que primero llegar a los niños”, expresó Michelle Cintrón, presidenta de la Federación Protectora de Animales de Puerto Rico. “Los niños son el futuro de la sociedad y los padres pueden aprender de ellos. Si desde niños son empáticos con los animales, así también lo serán con los humanos”, añadió. AligualqueAscione,Cintrónopinó que la educación humanitaria debería ser implantada en las escuelas. La presidenta indicó que los niños tienden a comportarse de la manera en que sus padres se comportan o lo que aprenden en las escuelas por sus compañeros o maestros, y si se orienta a los estudiantes para que protejan la naturaleza, se podría ver un cambio “de aquí a varios años”. Cintrón expresó que con la educación humanitaria se podría cambiar la perspectiva cultural de los ciudadanos respecto a los animales. “Aquí en Puerto Rico es imprescindible matar a un lechón para las Navidades. Si un puertorriqueño dice que no comerá lechón, es aberrante. Pero muchos desconocen el sufrimiento de este animal cuando va a ser privado de su vida para alimentar a otros”, sostuvo Cintrón.

Del mismo modo, Rodríguez apoyó la educación humanitaria y opinó que las organizaciones sin fines de lucro deberían organizar una campaña masiva para orientar a la ciudadanía. “Si llevamos un mensaje a la ciudadanía y tratamos mejor a nuestros animales, evitamos la criminalidad. Los niños maltratan a los animales muchas veces por conducta aprendida, hacen lo que ven que otros les hacen a los animales”, expresó.

Débiles las medidas correcionales legales en la Isla 

“Puerto Rico tiene la mejor ley de protección de animales. Es una ley que no es ambigua, con un lenguaje correcto y abarcador. El problema reside en que la Policía no la conoce al pie de la letra para poder tomar las decisions correctas”, explicó Sarah Yenit Rosado Morales, jueza de la Región Judicial de Bayamón en Dorado.

Rosado Morales explicó que la ley es precisa y cubre distintos tipos de conducta. Sin embargo, los casos de maltrato de animales no son muy comunes debido al desconocimiento de la ley, pero aseveró que sí ha visto casos de menores enjuiciados a causa de abuso de animales.

Según Rosado Morales, durante la vista de causa se presentan las fotos y si el juez determina causa probable, al joven se le restringen las entradas y salidas y, si tiene mascotas, son removidas. En caso de que el menor le haya causado la muerte al animal, el Procurador del Menor debe tomar la decisión de ingresarlo en una institución.

Al tratarse de menores, el Departamento de Justicia no tiene estadísticas de cuántos jóvenes han cometido faltas por maltratar un animal. Sin embargo, el Sistema Administrativo del Registro de Base de Datos de Abuso Animal de Estados Unidos (Proyect AARDAS, por sus siglas en inglés) registró que para julio de 2012 se reportaron 916 incidentes de menores que cometieron abusos contra un animal. La página web www.pet-abuse.com, encargado del registro, afirmó que aun hay casos de violencia que no se reportan y que el número de abusos podría ser mayor.

Asimismo, la jueza aseguró que enPuertoRicomuchosdeloscasos de maltrato contra animales no progresan judicialmente, porque no se presentan las querellas correspondientes. “Usualmente el dueño del animal maltratado habla con el padre del menor y se ventila (la situación) civilmente. El problema también reside en que al ser menores, muchas veces la situación no se toma en serio”, señaló.

La directora de la Organización Nacional de Derechos de Animales (ONDA), la abogada Ana María Hernández Martí, destacó que el problema reside en la aplicación incorrecta de la Ley 154. “Las personas tienen que denunciar las situaciones de maltrato, los policías tienen que atender estas querellas y seguir los procedimientos e investigaciones correspondientes para que los fiscales lleven los casos y que los jueces la apliquen (la ley) correctamente. Este proceso ha mejorado mucho, pero todavía hace falta más. Esta situación se remedia con mucha educación y orientación, tanto para la comunidad, como para los jueces, policías y fiscales”, completó.

Fuente: http://www.dialogodigital.com/index.php/Ligada-la-conducta-criminal-al-maltrato-de-animales-en-la-infancia.html

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