Un nuevo estudio constata que la muerte de un animal de compañía puede producir un trastorno de duelo prolongado

2026

Febrero 2026

Hyland P. (2026). No pets allowed: Evidence that prolonged grief disorder can occur following the death of a pet. Journals.Plos.One. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0339213

 

Resumen

Las directrices actuales no permiten diagnosticar trastorno de duelo prolongado (TDP) tras el fallecimiento de un animal de compañía, sólo puede diagnosticarse como trastorno psiquiátrico tras el fallecimiento de una persona. No obstante, la evidencia actual constata que las personas desarrollan fuertes vínculos con sus animales de compañía y que experimentan altos niveles de duelo tras su muerte.

El presente estudio analiza los datos recopilados de 975 adultos residentes en el Reino Unido, a través de métodos de muestreo por cuotas para construir una muestra representativa de la población adulta del Reino Unido. Los resultados indican que aproximadamente un tercio de los adultos del Reino Unido han experimentado la muerte de un animal querido y casi todos también la muerte de una persona cercana.

Tras la muerte de un animal, el 7,5% cumplió los criterios diagnósticos para el TDP. Esta cifra es similar a las tasas condicionales para la muerte de un amigo cercano (7,8%), un familiar como un abuelo, primo, tía/tío (8,3%), un hermano (8,9%) e incluso la pareja (9,1%). Solo la muerte de un progenitor (11,2%) y, en particular, la muerte de un hijo (21,3%) fueron notablemente más altas.

A pesar de que los sistemas de evaluación actuales no permiten diagnosticar TDP tras la muerte de un animal de compañía, los resultados muestran que las personas pueden experimentar niveles de duelo clínicamente relevantes tras su muerte, y con tasas comparables a las pérdidas humanas consideradas factores de riesgo “legítimos” para el TDP.

La sociedad actual considera el duelo relacionado con la muerte de un animal de compañía menos legítimo que el duelo relacionado con la muerte de una persona. Por este motivo, muchas personas que lloran la pérdida de su animal de compañía se sienten avergonzadas y aisladas. No obstante, la evidencia señala que lo científicamente correcto es incluir la pérdida de un animal de compañía en el criterio de duelo para el TDP.

 

 

 

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