
Quayle, E., Allardyce, S., Leonard, M., Jennings, B., & Richardson, R. (2026). Extremism and online child sexual abuse: a commentary. Journal of Sexual Aggression, 1–17. https://doi.org/10.1080/13552600.2025.2602791.
Recientes investigaciones policiales e informes de prensa destacan el auge de las "redes Com": redes en línea competitivas, sádicas y explotadoras en las que los miembros alcanzan estatus y ganancias de capital social por la perpetración o incitación a la violencia, actos degradantes, autolesiones y/o delitos cibernéticos, así como la generación y el intercambio asociados de contenido extremo, incluido material relacionado con el terrorismo y contenido que representa abuso sexual infantil, autolesiones, retórica misógina y crueldad hacia los animales, incluida la zoofilia.
Las personas que participan en estas redes suelen ser hombres jóvenes que operan tanto en plataformas convencionales como encriptadas. Sus miembros suelen estar motivados por el estatus, el poder, la misoginia, la gratificación sexual o una fascinación más amplia por el contenido extremo y violento. El material intercambiado contribuye a la desensibilización de los participantes, la normalización de la transgresión y el fortalecimiento de la pertenencia a una comunidad organizada en torno a la crueldad y la notoriedad.
Estas redes son de difícil clasificación entorno a la motivación sexual o como ideológicamente extremistas. Algunos autores las han descrito como redes de “hibridación de daños”, donde la explotación sexual, la violencia sádica, la retórica extremista, el maltrato animal y el ciberdelito convergen en un solo espacio y, además, se refuerzan mutuamente.
Estos hallazgos complican los enfoques tradicionales de prevención e intervención, dado que no encajan en las categorías existentes de delitos sexuales, crimen organizado o extremismo violento, operando en la intersección de las tres. Así, ni la magnitud ni la naturaleza del problema se encuentran correctamente descritas.
Dos premisas resultan prioritarias: i) el desarrollo de estrategias que aborden la naturaleza híbrida de estos delitos y que puedan operar en jurisdicciones internacionales y plataformas en rápida evolución; ii) la prevención primaria, abordando el diseño de los entornos digitales como las plataformas de juegos (sitios principales de reclutamiento y captación de menores) y reforzando las medidas de protección infantil en las redes sociales tradicionales. La prevención efectiva requerirá enfoques holísticos que permitan la intervención temprana, la atención informada sobre el trauma para menores en riesgo, sistemas educativos capaces de mitigar el acoso y la exclusión, así como estrategias de alfabetización digital que capaciten a los jóvenes.
Estudio: Extremism and online child sexual abuse: a commentary